Esteban, el prevencionista ninguneado por (casi) todos.

Y que un día, dió un golpe sobre la mesa y sorprendió a todos (sin el casi).

Para mi ya fue una gran ayuda e inspiración. Y estoy orgulloso de haber trabajado con él.

Le conocí en la mina de potasa. Antes de la ley de 1995 en la mina ya había departamento de prevención.

Históricamente a prevención se destinaban los más “flojitos”.

El mensaje sibilino flotaba en el aire… “El que vale vale y el que no a prevención”

Contra este injusto mensaje había que luchar.

Esteban era tan educado, inteligente y amable que nunca confrontaba y eso lo utilizaban algunos.

También era un gran profesional. Llegaba puntualmente con los deberes hechos. Incansable.

Él abría la reunión “la prevención es lo primero», ¿te suena?, y rápido empezaban las burlas: “Venga Esteban, aligera que tenemos que trabajar”.

Que frase tan “graciosa” y tan dañina.

Y Esteban aguantaba estoico.

Era muy injusto, pero a la vez para mi fue una bendición.

Yo era Director de una de las minas. Había otra mina y la planta de tratamiento.

El poco caso que le hacían ellos era descanso para Esteban que yo empleaba a mi favor.

La conversación era más o menos así:

Yo: “Esteban, en la zona tal, andamos cortos de aire, ¿puedes mirarlo?.”

Esteban: “¿Cuánta prisa te corre?.”

Yo: “No es urgente pero ya sabes, la gente sin respirar tiene la manía de morirse, son unos delicados”.

Y Esteban se reía y se ponía en marcha. Yo podía olvidar ya el problema. Era como un reloj suizo y en breve llegaba con el informe y con la solución.

Yo aprovechaba su buen trabajo y él me regalaba ser mucho mejor director.

¡ Cuánto hubiera ganado la empresa aprovechando la capacidad de Esteban!. 

A mi me caía muy bien y yo sé que era recíproco. Eso se sabe. Compartimos días de esquí y unas vacaciones y era muy agradable su compañía.

Con Esteban comprendí «tan bien» el valor de la prevención que desde 2004 le he dedicado mi vida.

Pero sigo con Esteban….

Llegó el día.

El día que Esteban sorprendió a todos, incluso a mí y me descubrió una faceta de él que yo no conocía.

Nos llamaron a la mina Pozo 2 explicando que en la otra mina, Pozo 4 había un camión en llamas y que detrás de él había quedado Balbino, un minero, atrapado.

La vida de ese hombre no es que corriera peligro sino que sacarlo vivo sería un milagro.

¿Puedes imaginarte un camión con ruedas más altas que una persona, con combustible, aceites y mangueras ardiendo dentro de un tunel?

El humo y el calor atrapados. Es un horno sin aire ni visibilidad.

Ni los bomberos se atrevían. Literal.

Reuní a la Brigada de Salvamento, y nos dirigimos a la otra mina como refuerzo.

Esperamos en la calle, todos muy tensos y siguiendo por la radio lo que sucedía en la mina.

Los nervios, las prisas, las órdenes.

Ese día, los que siempre alzaban la voz para callar a Esteban estaban mudos.

Y Esteban ante esa parálisis dió un paso adelante y lideró los trabajos.

Se puso al lado del Director de mina y entre los dos llevaron la operación adelante de una forma decisiva, muy valiente y exitosa. Brillante.

No puedo imaginar lo que pasó abajo, ni quan riesgo asumieron, pero cuando salieron a la calle, con Balbino vivo en la camilla estallamos a aplaudir y gritar hasta dejar la piel.

Luego bajamos a la mina a acabar de apagar el fuego pero lo nuestro ya era trabajos de niños.

Si os dijera que ese día no me sorprendí con Esteban, os mentiría.

Lo que ya no me sorprendió fue que los días siguientes Esteban rehuyó todo protagonismo y volvió de nuevo a su perfil tranquilo a su amabilidad callada.

Pero las burlas cambiaron, cambió el tono y Esteban con mayor o menor disimulo fue admirado.

Yo ya le admiraba por su forma de ser. Y su capacidad ya la conocía.

Y aquí, quizás te sorprenda si te digo que hoy, en cierta forma, estoy cabreado con él.

Por que… ¿de que servía su capacidad si sus resultados no llegaban?. ¿Porqué esperar a que alguien como yo viera lo que él valía?. Joder!. Quizás si hubiera puesto energía en dar ese paso adelante, todos, TODOS hubiéramos ganado.. Esteban era muy bueno.

Y añado ¿era o no su obligación?. ¿No es la misión de los prevencionistas salvar vidas?. Pues hagamos todo lo que podamos. Sin excusas, ni sin egoismos chiquitos camuflados de modestia.

Yo sé que él no quería parecer pesado, ni levantar la voz… que la salud es importante y debemos comprenderlo… pero si no es  así, hoy, le insistiría: «No vale con hacerlo, debes contarlo.»

Yo sé que él se sentía solo, y quería dejar de sentirse invisible, que el sistema le respaldara, y que no quería los aplausos sino sentir que algo se movía, y ver que su trabajo no era perder el tiempo

Pero hoy le ayudaría más y mejor con lo que sé.

Sé que si le dijese “es nuestra obligación dar ese paso” (y pienso que lo es), el me hubiese comprendido y hubiéramos pasado a la acción

Y todo su trabajo hubiese dado mejor resultado.

No podemos pensar “hemos hecho el trabajo” si no se traduce en resultados.

Y no es tan complicado ni inalcanzable.

Hoy lo sé. Mira sino más abajo esta otra historia de alguien que fue muy importante también en mi vida, tanto profesional como privada.

Antes, solo quiero decirte que conozco prevencionistas disgustados con la profesión.

Que sienten que no son escuchados, ni valorados, ni reconocidos.

Que apenas les respetan y les apoyan.

Que parece que su trabajo solo existe porque lo manda la ley.

Hartos de oir a su jefe decir a boca llena «la prevención es lo más importante» y que luego sus acciones digan lo contrario.

Y esa desilusión lleva a prevencionistas muy válidos frustarse

y pensar que la solución es cambiar de empresa.

Y no es justo.

No lo es para ellos.

Ni tampoco es beneficioso para la empresa.

No conviene. Todos pierden, nadie gana.

Y esto me lleva a gritar… …si este fuera tu caso…

…¿no quieres cambiarlo?

Pues hagámoslo.

¿No quieres ser y sentirte importante?

¿No quieres que te vean como ayuda y no como estorbo?

¿No quieres sentirte parte del equipo?

Pues Hazlo !!.

Y me dirás: “ya, como si fuera fácil”. 

Te lo compro, yo también he estado ahí, hasta que me ayudó Bermúdez.

Te contaré su historia y con que sencillez cambió por completo mi mirada.

Seguro que te inspira y te sirve a ti también.

Es increíble tenerlo delante de tus ojos y no verlo y que fácil se ve cuando te lo cuentan.

Vamos con la historia pero antes te cuento mi propuesta,

Quiero Acompañarte a liderar 

un programa PROBADO para impulsar la prevención y dejar de ser el patito feo de la empresa.

Y conseguir,

Que empleados y directivos comprendan la prevención, la dejen de ver como obligación cansina y molesta, y la vean como valor 

y por fin, reconozcan TU trabajo.

Y si ahora piensas, “no es posible”,  perfecto,  no quiero que me creas como acto de fe.

Aunque si confías por lo que conoces ya de mi (soy Joan Junyent), estoy en [email protected]

Voy con la historia,

Léela tranquilo, sacarás buenos aprendizajes y solo por ello ya te vale la pena estar aquí.

Justo acabar la Universidad, en una desastrosa mina de carbón buscaban Director.

Yo estaba con unas ganas enormes de encontrar trabajo, era joven e inexperto y firmé el contrato.

Mala idea.

Una mina bajo tierra, de negro carbón, con aire escaso y sucio, con posibilidad de explosiones de grisú y con mineros veteranos muy viciados 

y yo 

con experiencia cero.

Seguro que puedes ver que fue un error. Yo no supe verlo.

Para botón de muestra, descubrí dinamita caducada en el polvorín. Como si fueran yogures. Pero era dinamita y la dinamita no son yogures.

Tuve que voltear la caja para poder leer la fecha de caducidad y así descubrí que sujetaba dinamita caducada. Cuando caduca la dinamita “suda” la nitroglicerina y humedece la caja. Y con nitroglicerina sudada la dinamita se vuelve inestable. Y un explosivo inestable no es un explosivo seguro.

Y así estaba yo. Sujetando entre mis manos una caja húmeda de dinamita caducada.

Ese día descubrí lo que son los sudores fríos. Y aunque aguanté la respiración, sentí mi corazón golpeando tan fuerte que me dolían las costillas. Quedé inmóvil como un conejo deslumbrado. Mientras en mi mente decidía qué hacer.

¿La humedad de la caja era nitroglicerina?.

Bueno, ya ves que sigo aquí, así que acabó bien. O mejor decir no acabó mal.

De esa gente ¿qué se supone que podría aprender?. Leyes inclumplidas, material escaso y malo. Organización peor.  Un verdadero desastre.

Pero yo, joven, ilusionado en mejorar, con toda la energía de la inocencia seguí insistiendo sin abandonar y pensé que una buena idea sería buscar referentes, gente que me ayudara, que hubieran transitado ya el camino y ahorrar tiempo, esfuerzo y sufrimiento y pregunté a otras minas para visitarlas y aprender.

José L. Bermúdez era un Ingeniero de prestigio que llevaba de forma pulcra la mina “Carbones de Pedraforca”.

Me trató divinamente. Me organizó la visita con cariño y yo quedé enamorado con la calidad de su trabajo.

Frente a mi mina oscura y desordenada su mina funcionaba como un reloj suizo.  O si prefieres japonés.

Casi puedo escribir que vi una mina de carbón esplendorosa. Aunque hoy mi experiencia me diga que es una trampa de mi memoria. Una mina de carbón nunca puede ser una mina limpia.

Solo quiero dejar claro que me impactó. Y quedé deslumbrado con su organización. 

Descubrí que la realidad puede ir mucho más lejos de lo que creemos.

Y la comparación fue un mazazo. Mis hombros colgaban abatidos como un sauce. 

Ver lo bien que se podía hacer, contrastaba más lo mal que lo hacíamos.

Ya en la comida, Bermúdez, paciente, dejó que me desfogara.

Que fuera soltando lastre. Que dejara caer todas mis quejas.  Y fuí vaciándome hasta quedar mústio como una uva pasa.

Bermúdez meneaba lento la cucharilla del café, su mirada ausente, miraba hacia dentro.

  • Siento discrepar contigo – dijo despacio y cuidadoso – donde tu ves un auténtico desastre yo veo un auténtico tesoro.

La mesa entera contuvo el aliento. Y todo se paró. 

Pensé que no lo había entendido bien. Pero todos lo habíamos oído.

Sus palabras, aunque a media voz, fueron diáfanas.

Mi escasa energía no me dió ni para protestar. Sin soltar ninguna palabra le miré sorprendido.

¿Donde estaba el error?. ¿De verdad no había comprendido nada sobre mi mina?.

  • Mira Joan – clavó en mi su mirada – donde todo está mal, a poco que hagas se nota mucho y brillas. En cambio si todo funciona, te matas a trabajar y nadie lo nota. Lo que tú ves como desastre es una gran oportunidad. Quita tu energía de la queja y ponla a construir. Verás todo lo que consigues y la satisfacción que te da. 

Me rompió los esquemas. Me transformó.

Decir otra cosa sería mentir.

Y no fueron solo sus palabras, su mirada clara, su calma, su convicción, su hablar pausado y sincero.

Lo que me contaba “tenía que ser cierto”  aunque yo en ese momento “no supiera verlo”.

Eso fue lo que comprendí con claridad. 

Y desde ese día llevo siempre la lección a cuestas y ha sido mi motor incansable de éxito.

Hoy, sí sé verlo y lo he comprobado.

En nuestra mina hicimos mejoras, poco a poco, lo de sin prisa pero sin pausa y con constancia.

Es empezar a “ver” pequeños resultados y te entra el ánimo, es “sumar” más pequeños resultados y el éxito va creciendo.

Y no parar.

Disfrutar y perseverar.

En dos años la mina era ya muy diferente.

Así que hoy, como buen discípulo de Bermúdez, y aunque él no lo sepa, yo te comparto su valiosa lección

Haz y hazte notar.

Tu escoges si tu mirada ve desastre o tesoro.

Para mi fue una gran lección. De las que me cambiaron por completo y para siempre.

Pero es que detrás de esta historia se esconde otra GRAN verdad…

Si tus compañeros no lo están haciendo mejor es porque no saben.

Así de sencillo, así de duro y así de claro.

En prevención falta mucho liderazgo. Faltan muchas ideas claras.  Falta mucho por hacer.

Y a poco que hagas bien, “Bemúdez dixit”, brillarás.

Los directivos que no te entienden, no saben como hacerlo y están tan perdidos que ni siquiera saben que están perdidos.

Lo mismo los empleados

Y lo mismo los empresarios.

Y cuando encuentran quien les guía y les ayuda, cuando se encuentran quien les muestra lo que no ven, se lo agradecen.

Y ese alguien debes ser tu. Te lo van a agradecer.

Y yo te puedo ayudar.

Lo he vivido en carne propia en dos minas y luego en empresas de todo tipo.

Porque una vez empiezas ya no paras y sabes como hacerlo.

Empleados que salen de la formación agradecidos cuando, POR FIN, han visto la prevención con ojos adecuados.

Y no, no es lo tan manido de “lo más importante es la vida”. 

Sino que le han dado sentido a su esfuerzo. 

Y con ello a tu función, 

a TU trabajo.

Te pongo un ejemplo de esa confusión

cuando entrego un curso de prevención, ¿qué hay en el fondo de la mente de quien lo recibe?. Pues esto: “hacemos el curso porque no sabemos trabajar bien” (somos malos).

En cambio ¿Quién organiza «cursos de prevención»?. ¿La empresas buenas o las malas?. Y ¿cuándo hacen las empresas buenas la prevención?. ¿»Antes de» o «después de»?.

Así les veo yo. «Sóis empleados buenos aprendiendo «antes de». (sois buenos).

Pero esto y mucho más, existe. Y produce insatisfacción y energía negativa.

Y claro, sé que ahora piensas  “es que ya hemos hecho mucho sin ver los resultados”. 

Porque esto también es cierto.

Así que llegamos a la cuestión clave, “¿cómo vamos a hacerlo?”.

Puedo contarte, que sí, que has hecho mucho, pero que todo bajo la misma lógica, la normal tipo 1 y que por eso no consigues resultados y que una solución es cambiar y trabajar desde un cambio de lógica.

Lo cual es cierto y que muchos no hacen.

Pero mejor mostrarte otra forma de hacerlo. Mejor ponerte de ejemplo lo que yo experimenté y que tú ya has leído.

¿Cómo damos claridad a la prevención y hacer que la valoren?.

Y más cuando lo hemos intentado ya mil veces sin conseguirlo. Y con los empleados ya hartos de tantos cursos inútiles.

Presta atención, lo que viene es de gran valor y puedes utilizarlo para tí aunque no me contrates, pero debes procurar entenderlo bien.

Es otro aprendizaje que te puedes llevar de Bermúdez.

No vas a convencer a un empleado repitiéndole mil veces lo que debe hacer y ya.

Esto mismo es la demostración de porque tan pocos cursos funcionan bien.

Fíjate en ti mismo, ¿cuándo te has dejado convencer de algo solo porque te lo han dicho?.

Y verás que nunca.

No, a las personas no las convencerás así.

Entonces, ¿qué hacemos?.

Fíjate en la estructura que utilizó Bermúdez para convencerme a mi… compréndela y úsala con sus mil variantes.

Primero generó conexión y confianza

Me preparó una buena visita, me agasajó con comida y atención.

Pude admirar su buen trabajo y escuchar lo que decían sus empleados de él. 

Todo eran elogios.

Con ello se erigió en modelo y aumentó su autoridad sobre mí.

En la comida me escuchó atento y pude sentir que ”le importaba” y sus ganas de ayudarme.

Y aún así, no fué directo. No chocó. Catapultó mi curiosidad y jugó con la sorpresa “Tu mina es un tesoro y no un desastre”.

Y en mi mente, aún sin ser yo consciente le reté…

¿A sí?. ¿Pues a ver como lo demuestras?.

Y finalmente aplastó mis creencias equivocadas con la lógica:  “Donde todo está por hacer a poco que hagas lo verá todo el mundo”.

Fíjate como él se quitó de la lucha. Se apartó.

No eran MIS creencias contra SUS palabras.

Eran MIS viejas creencias contra MI propia lógica

Y yo solo podía escoger ¿Qué parte de mi saldría ganadora?

Estaba claro, mis creencias no pudieron sobrevivir a mi lógica. 

Una pared con dos ventanas y las dos limpias, ¿cómo te haces notar?.

En cambio, dos ventanas sucias y limpias una, esa ventana limpia se convierte en faro de neón fosforescente que grita a todos…

  • Mirad, mirad !!!! como luce su trabajo… 
  • Mirad !! cuanta luz entra ahora… 
  • Mirad !! como con su trabajo hace un mundo más bello…
  • Mirad !!!!!!!!….

Y no, no hace falta que se lo cuentes tu.

Sin decir nada, todos lo ven.

Y así fue como Bermúdez me ganó.

Trata a las personas así y reaccionarán.

Solo somos personas haciendo de personas.

Pero nos damos de cabeza con un muro y seguimos.

Repetir algo que no funciona, no funciona.

Debes cambiar.

Y ya en este punto sí, utiliza la repetición.

Cuando consigues resultados sigue haciendo. Sigue sumando.

Utiliza esta estructura y sus mil variantes y ahora sí, usa la repetición como un martillo, 

calidad, cantidad y variedad

empújales a romper con su propia lógica las viejas y tóxicas creencias.

Y con la acumulación de acciones bajo esa nueva estructura lógica vas llenando la empresa de semillas de cultura preventiva nueva y adecuada.

Y queda, por supuesto, el último empujón. 

Regar las semillas.

Pero llevas ya mucho rato leyendo y aquí no voy a extenderme más.

Te hago un resumen.

Si piensas que a tu empresa le vendría bien un empujón extra desde el exterior.

O si te sientes poco valorado, incluso has pensado en cambiar de empresa.

No abandones.

Lideremos un cambio y ayudaremos al resto de la empresa.

Ellos también van confundidos con la prevención y nos agradadecerán toda la ayuda.

La prevención no es como la vemos hoy, cansina, una molestia, un coste, algo no apetecible.

Sino todo lo contrario, prevención es éxito.

Es un margen de beneficio más grande para la empresa.

Es aumentar la producción.

Y también por supuesto, salud y cumplir la ley.

Y para tí, cuando te sientas más valorado, apoyado, integrado. Cuando te sonrían más por la planta. Cuando sientas que por fin las cosas avanzan. Cuando te sientas más querido.

Sonreirás más y no solo ganarás tú, tu familia también se beneficiará.

Ah, ¿que sigues escéptico?.

Mira lo que me escribe Nuria en el mail del 20 de Mayo a las 13.22.

“Este año queremos mejorar la percepción de riesgo y la conciencia en seguridad de los trabajadores. Otras empresas del grupo ya ha trabajado antes contigo y nos han recomendado encarecidamente realizar esta formación”.

Nuria F. R. – CELSA Group.

Conocen mi trabajo, mis condiciones, mi precio y, sobretodo, conocen los resultados y me recomiendan “encarecidamente”. 

Ni yo me atrevo a tanto. 

Algo haré bien que sienten mi ayuda.

Y si lo lees bien verás lo que te dije, cuando alguién siente tu ayuda, te lo agradece.

Y sí, te hablé de un programa PROBADO. Puedes pensar ¿cómo puedes decir probado si no depende de ti sino de voluntades ajenas?.

Pero si más del 80% de las empresas quedan satisfechas y repiten ¿no es suficiente garantía para decir PROBADO?.

“Vale, quiero creerte, pero veo que si voy a mi jefe con tu propuesta me dirá que NO antes de escucharme”.

Puede pasar. 

De tu parte es muy honesto, Bermúdez diría, “cuanto peor mejor”. 

Pues antes de hablar con tu jefe habla conmigo 

y buscamos juntos como explicarle.

Estoy en [email protected]

Me contratan empresas de todos los tamaños,

algunas muy grandes,

por lo menos para mi lo son. 

Tengo poco espacio para más.

Si te interesa, no te demores.

Tú preguntas, 

que nos entendemos, bien, sino, no pasa nada, total…

Que pases un gran día.